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Bogotá: 28 marzo 2014

“ELEGANTE, TÉCNICO Y PILO” por El Espectador.

Esta misma idea se repite entre analistas que desde distintas orillas (la academia, la prensa escrita, el perpetuo editorial de la radio matutina) analizan la llegada del ministro Rafael Pardo a la Alcaldía de Bogotá. Se dice también que Pardo es un gerente, un administrador, que no duerme (“es un CEO, trabaja 24 horas”) y es muy serio (“ese sí es un señor”). Que quienes lo acompañan “son de una pilera”. Que la ciudad va a progresar, con menos “ideología” y “política del odio de clases” y más “técnica” y “cabeza fría”.

Entre tanto, el presidente Santos nos anuncia los cambios que se vienen para “reconstruir la ciudad”, que se darán en cuatro frentes. Uno en seguridad, que implica más trabajo de la Policía y la resolución de un supuesto divorcio que existía entre la Alcaldía y esta institución. El Gobierno invertirá, además, $295.000 millones en un segundo frente de la salud. En otro, el de la movilidad, el presidente anunció la destinación de un billón de pesos para las obras más urgentes y aprovechó para recordarnos, disimuladamente, el problema de las losas (legado de Peñalosa). También confirmó que autorizará la venta de agua en bloque para los municipios aledaños a Bogotá y (en consecuencia) destrabará la política de vivienda nacional.

Conpes, plata, subsidios, presencia de policía. Nada nuevo. Esta falta de novedad se da en dos frentes (para usar la expresión presidencial). El primer frente es de continuidad con la alcaldía electa pues, como lo ha señalado La Silla Vacía, obras como la construcción de Transmilenio por la Boyacá, el plan 75 de seguridad, la incorporación de nuevos policías, la preparación de la licitación del metro y la construcción de tres cablelíneas en Bogotá y una cuarta en Soacha ya estaban en proceso.

El segundo frente es uno de continuidad con la política nacional en lo que concierne a la vivienda de interés social (y forma de ganar elecciones). Es decir, la construcción de ciudadelas en los bordes de la ciudad o la llamada área metropolitana (algo que se viene haciendo sistemáticamente desde los gobiernos del Frente Nacional). Y la construcción paralela de un entramado electoral alrededor del otorgamiento de subsidios y de la entrega fuertemente protagónica de estas nuevas viviendas (se entregan personalmente las casas, se dan abrazos, se prueban los baños).

¿Por qué, si se trata de política con pe mayúscula, como la hacen por todos lados, se nos indica y resalta que se trata de otra cosa, una superior? Más allá de Petro y sus dos años, ¿qué nos lleva a pensar que Pardo o el binomio Santos/Lleras sí son “gerentes”? ¿Por qué nos parece que tienen la cabeza fría? ¿Por qué se repite que Pardo sí es un señor? (Y cuál es la alternativa: ¿un niño?) ¿Qué tipo de cualidades o ansiedades asociamos a la palabra “técnico”?

Pero, sobre todo, ¿qué nos hace pensar que medidas como la construcción de vivienda lejos del centro de la ciudad, en Usme o Soacha, son decisiones técnicas, gerenciales, desprovistas de pasión, de política o de ideología?